En torno al lago de Van hay ahora mucha actividad. En el marco del proyecto del paseo marítimo de Edremit se están construyendo senderos para caminar y carriles bici, una pista de tartán, cafeterías y playas. Mientras avanzan las obras, el lago de Van ofrece una experiencia de vacaciones diferente: locales donde desayunar y ver la puesta de sol en las orillas de Edremit y Gevaş, bahías y calas que esperan ser descubiertas y aguas alcalinas y saladas beneficiosas para la piel.
Además, la cuenca del lago de Van, situada en la ruta migratoria de las aves, ofrece imágenes únicas a los observadores de aves y a los fotógrafos de naturaleza. De las 450 especies de aves de Turquía, 213 se encuentran
aquí, en esta cuenca. Cada año, de abril a noviembre, miles de flamencos se instalan aquí.

En Akdamar es donde antes llega el calor y florecen los almendros. Sobre todo en esta época, la isla invita a los viajeros a formar parte de un paisaje indescriptible: calas de un azul intenso, su iglesia convertida en narradora gracias a las hábiles manos de los canteros armenios y las montañas nevadas que la rodean. Uno se siente especial. Akdamar es una de las cuatro islas del lago de Van, al que los habitantes de Van llaman «el mar». Debe su nombre a la iglesia que se encargó al monje Manuel durante el reinado de Gagik I, rey de Vaspurakan.
La iglesia, con planta de cruz y relieves en su fachada que representan parábolas de la Biblia y la Torá, aparece desde hace siglos en numerosas leyendas.

Cuando la nieve de sus majestuosas montañas se derrite, en Van comienza una nueva vida. Las cascadas cobran fuerza y los alrededores se convierten en un jardín de flores. Los lugareños van a la cascada de Muradiye para ver cómo el arroyo Bendimahi, que nace en el monte Tendürek, cae desde un profundo valle. Pasean y hacen pícnic en este paraje natural, e invitan a quienes no llevan manta ni queso de hierbas. El mejor lugar para contemplar la estruendosa cascada es la instalación junto al puente levadizo.
Si camina en sentido contrario a la corriente, verá un espectáculo formado por muchas pequeñas cascadas. Ganisipi es otra cascada de Van que no debe perderse. Situada en Beyaztaş, en la carretera de Van a Çatak, brota tras el deshielo como si saliera de una cueva y es famosa por su color blanco lechoso debido a la espuma del agua. Los alrededores de la cascada, que pierde gran parte de su caudal a finales del verano, son ideales para un pícnic. En una piscifactoría cercana puede probar la trucha de puntos rojos.

El queso de hierbas, un clásico elaborado con hierbas únicas recogidas en primavera en las montañas, como el sirmo, el tarhun, el mendo y el helis; la mermelada de nueces peladas; el kavut, que se prepara con harina primero tostada y luego molida, rehogada en mantequilla… Si esto no le hace suspirar, es que nunca ha desayunado en Van. Ya sea en el centro de Van o en Edremit, a orillas del lago, nunca olvidará el desayuno servido con pan lavash cocido en horno de piedra, repostería de Van y té recién hecho. Esta tradición, que nació de los aldeanos que llegaban a las lecherías de la ciudad con la comida que traían, es imprescindible en un viaje a Van.

Van es una ciudad famosa por sus gatos, conocidos en todo el mundo. Estos adorables animales de raza pura se diferencian de
otras razas de gatos: son más cariñosos, tienen el pelo blanco y sedoso, la cola larga y esponjosa, los ojos de distinto color y les encanta el agua. Como quedan pocos, están protegidos.
Hace no mucho, unos 50 años, los gatos de Van paseaban por las calles. Registrados como raza nacional en 2006 mediante un comunicado publicado en el Boletín Oficial, puede que ya no se vean por la calle, pero sí en el Centro de Investigación del Gato de Van.
En el centro, que recibe una media de 20 000 visitantes al año, puede acariciar a los gatos, darles de comer y hacerse fotos con ellos. Antes de irse, puede pasar por la tienda y comprar objetos con motivos de gatos.


